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Hace unos días tuve ocasión de hablar con unos turistas que visitaban Zamora por primera vez y uno de ellos me comentó que después de estar unos días en nuestra ciudad comprendía que el eslogan de “Zamora Ensimisma” era lo más apropiado que se podía decir de ella.
Resultaría muy fácil para una zamorana enamorada de su ciudad, hablar de las excelencias y bondades de una villa que embelesa con un paseo revelador de una historia pasada y presente en perfecta sintonía, que invita a disfrutar de la luz y la oscuridad, de la piedra y el río y de miles de detalles más; pero cuando es un foráneo tras otro el que regresa a su casa satisfecho de haber descubierto una ciudad viva, con una gastronomía rica y asequible, un ambiente acogedor marcado por un arte “el Románico” que llena cada rincón y cada plaza, una no puede por menos que sonreir y pensar lo fácil que es estar de acuerdo ante lo evidente.
Cientos de atractivos…. pero cientos, sírvanse con este pequeño adelanto:
Románico, Modernismo, Bizantino, Castillo Medieval, Murallas, Aceñas, Río, Paseo fluvial, jardines, Museos, Semana Santa, Romerías, Ferias, Medievalia, Alojamientos, Queso, Vino, Tapas, Arroz a la Zamorana, sigan ustedes….